Se puede decir que la violencia es un hecho social, es decir que sucede en todos los ámbitos e instituciones, y la escolar es una de ellas. La escuela es una de las instituciones, luego de la familia, en la que se produce la socialización y la formación integral de las personas, por lo tanto podemos decir que es un contexto de gran complejidad donde se entretejen las relaciones. La escuela no sólo es la encargada de impartir contenidos sino también modos de relacionarse, de pensar etc. Los procesos de socialización comienzan en la familia y culminan en la institución escolar, por lo tanto se debe tener en cuenta, al abordar el tema de la violencia escolar, las interacciones entre el niño, niña o adolescente y el contexto escolar, la familia, y la colaboración entre ambas. El término bullying, a veces traducido como matonaje, acoso, intimidación, hostigamiento o patoterismo, que refiere a la existencia de un desequilibrio de fuerzas, a modo de una relación de poder asimétrico donde uno o varios alumnos están expuestos a acciones negativas por parte de otros y se encuentran con dificultades para defenderse, siendo configurada una situación duradera de acoso y humillación con presencia de violencia verbal y física (Olweus, 1998). Díaz Aguado, M (2005) señala algunos factores que favorecen o predisponen a la violencia, a saber: la exclusión social o el sentimiento de exclusión, la ausencia de límites, la exposición a la violencia a través de los medios de comunicación, la integración en bandas identificadas con la violencia, la facilidad para disponer de armas, y la justificación de la violencia en la sociedad en la que dichas circunstancias se producen. También la autora menciona que la falta de modelos sociales positivos y solidarios, la colaboración entre familia y escuela, la ausencia de contextos de ocio y de grupos de pertenencia constructivos y de adultos responsables, predisponen a la violencia, como así también ciertas características de personalidad. Algunas de las características del perfil del agresor según esta autora, son: impulsividad, situación social negativa, escasas habilidades sociales, baja tolerancia a la frustración, imposibilidad para respetar límites y relaciones negativas con los adultos. Respecto al contexto familiar del agresor, por lo general se trata de una familia poco afectiva, con actitudes negativas o escasa disponibilidad para atender al niño; y dificultades para enseñar a respetar límites, combinando la permisividad ante conductas antisociales, con el frecuente empleo de métodos autoritarios y coercitivos, utilizando en muchos casos el castigo corporal. En cuanto al perfil de la víctima se caracteriza por una situación social de aislamiento, en relación con la cual cabe considerar su escasa asertividad y su dificultad de comunicación; una conducta muy pasiva; miedo ante la violencia y manifestación de vulnerabilidad (de no poder defenderse ante la intimidación); acusada ansiedad, inseguridad y baja autoestima, características que cabe relacionar con la tendencia observada en algunas investigaciones en las víctimas pasivas acerca de culpabilizarse ellas mismas de su situación y hasta de negarla. ¿Qué estrategias se pueden usar en el aula para reducir la violencia? Es importante resaltar que trabajar sobre los aspectos violentos, forma parte de un proceso, es decir que con sólo llevar a cabo una actividad, no se resolverá de un día para el otro. Se debe planificar una serie de actividades/talleres a lo largo de todo el ciclo lectivo y darle continuidad en años posteriores acompañando el proceso. Para esto se requiere acordar criterios entre todos los docentes de la institución escolar. Algunas actividades pueden ser: Grupos de discusión en algún momento del día o una vez a la semana, dedicar unos minutos antes de comenzar la clase para relajación, analizar de manera crítica situaciones de violencia, ya sea a través de un film o teatralización, narrativas acerca de los sentimientos que le provocan tanto a las víctimas de violencia como al victimario y discutirlo en grupos, en el caso de los adolescentes suelen empatizar de forma más rápida y reflexiva con tareas o actividades que inicialmente quedan algo alejadas de su realidad, para posteriormente ayudarles a reflexionar que esos valores o actitudes promovidos en los talleres son aplicables a su vida cotidiana. Otras actividades pueden tener que ver con: identificar situaciones de acoso escolar, facilitar herramientas para responder de forma asertiva ante una agresión, asimilar e integrar un modelo de relación respetuosa e igualitaria, etc (Inchaurrondo A. 2014). Les dejo el siguiente link en el que encontrarán actividades/talleres que se pueden adaptar según sea nivel primario o secundario, teniendo en cuenta, como se mancionó anteriormente, que deben realizarse actividades de manera sistemática durante todo el ciclo lectivo. Existen en la web mucha bibliografía que nos pueden ayudar a pensar en la planificación de talleres preventivos, el siguiente es sólo un ejemplo, sí recomiendo consultar antes de realizar la búsqueda, de manera que la fuente sea confiable. file:///D:/OneDrive/Documentos/proyecto%20oferente%20ismi/Guia_prevencion_secundaria.pdf

Olweus, D. (1998). Conductas de acoso y amenaza entre escolares. Madrid: Morata.

Díaz Aguado, M. 2005. Porqué se produce la violencia escolar y cómo prevenirla.Revista Iberoamericana de Educación. Nº 37 (2005), pp. 17-47.

Inchaurrondo A. 2014. Violencia: Tolerancia Cero. Fundación “la Caixa”.

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