Qué diferencia hay entre pandemia, epidemia y endemia

Para mi musa inspiradora Prof. Laura Casasnovas (La Seño Laura)

La figura del docente, desde hace tiempo ya, viene siendo desvalorizada, con frases como “sólo trabajan cuatro horas”, “tienen tres meses de vacaciones”, etc, y hoy una vez más, inmersos en el desborde social provocado por la pandemia actual, se encuentra en el centro de la tormenta y con críticas referidas por ejemplo a la modalidad de acercamiento de las tareas, que no debe percibir su sueldo ya que no está dando clases presenciales, entre otras. Bonafé (2004) nos habla acerca de la “crisis de identidad docente”, la cual vincula de manera directa, con la crisis provocada por la inestabilidad, el desorden y el cambio constante del mundo en el que vivimos y trabajamos, conduciendo esto, en definitiva, a una “no-identidad”.

Tal vez debemos detenernos a pensar en el modo en que una experiencia social nos constituye y se instituye en nuestras estructuras subjetivas y, de alguna manera, termina influyendo sobre los significados que atribuimos a nuestras prácticas. Hoy estamos ante una crisis mundial, lo cual no escapa al sector educativo, sino por el contrario, lo atraviesa fuertemente. El profesorado ha vivido permanentemente encerrado en el interior del aula, ese ha sido siempre su mundo profesional, y nunca lo dejaron escapar de él. En la actualidad, el profesorado se enfrenta a una experiencia social en la que su trabajo e influencia socializadora sobre los jóvenes, no es percibida ni por estos, ni por el resto de la sociedad, como un capital cultural seguro, estable, y rentable. Sin embargo, nuestra vida profesional nos arroja permanentemente a las aguas turbulentas de la inseguridad y la incertidumbre. De esta manera, así como esta pandemia sacudió de un día para el otro la omnipotencia que existe en cada persona, en lo que respecta a nuestras seguridades, y formas de abordar y resolver situaciones, también lo hace en el ámbito educativo.

Si bien desde hace unos años se viene incorporando el uso de las tecnologías dentro de las aulas físicas, hoy, el docente debe trasladar éstas últimas, a las virtuales, y a su vez contener a los estudiantes y padres, y responder, además, a los requerimientos del Estado, el cual siempre dice qué se debe hacer, pero nunca cómo. Una vez más, queda el docente arrojado en soledad y sin herramientas, a “enseñar conteniendo”. Y él lo hace, como puede, portando sus conocimientos, su voluntad, su cuerpo y su alma, pero con miedo. ¿Cómo es posible que habiendo estado tantas veces ante situaciones similares, tenga miedo? Porque no se halla ajeno a esta crisis social, porque también tiene que implementar nuevas e innovadoras formas de enseñar y contener, formas que muchas veces exceden posibilidades, pero que se lleva a cabo de todas maneras, con errores por supuesto, pero también con aciertos, con esfuerzos invisibles a los ojos de los otros, ya que esas horas transcurren tras los muros. Pero, en palabras de Bonafé (2004) “esa es también su grandeza, porque les permite la reconstrucción crítica de la experiencia. Aprendemos a ser buenos maestros viviendo el saludable miedo de la incertidumbre. Tememos aquello que no conocemos, el devenir, el futuro, y lo vencemos cuando tomamos en nuestras manos el proceso de construir el presente, de hacer cada día aquello que sabemos y aquello que nos ilusiona y compromete ante los otros”. Entonces propongo que transitemos esto sin criticarnos ni descalificarnos, sino por el contrario,  apelando hoy más que nunca, a la empatía. Porque aquí estamos los docentes aunando esfuerzos, esperanzas y nuevas formas, para acompañar, como siempre, una de tantas crisis, sabiendo que se puede, porque ya pudimos antes, pero no sin marcas en el alma, en las aulas, en las subjetividades.

Compartí: