Por Florencia Cocco. Lic. en Psicología. M.P. 9298

Cuando Thomas Jefferson identificó “la búsqueda de la felicidad” como un derecho inalienable, acertó al señalar los dos requisitos más importantes para quienes deseamos verdaderamente gozar de la vida:

  1. La felicidad es un proceso, una búsqueda, un estilo de vida; un hábito que puede dominar todas nuestras demás actitudes.
  2. Otras personas pueden interferir con nuestro derecho inalienable a ser felices, solo si se lo permitimos.

Si la felicidad interior depende de circunstancias externas, entonces nuestra felicidad puede ser violada en cualquier momento.  Sin embargo, si depende de nosotros, entonces nosotros somos los responsables de nuestra propia felicidad.

La búsqueda ingenua de la felicidad permanente e inalterable, es consecuencia de la necesidad de congelar la alegría más allá del tiempo que duró. La verdadera felicidad es reconocer el momento de alegría, vivirlo intensamente y soltarlo cuando ya no está, es decir, aprender a soltar lo inexistente.

En la búsqueda de la felicidad, lo importante es valorar el cómo me siento aquí y ahora, porque el pasado ya no existe y el futuro aún no llega. Esto me permite darle un giro a nuestra existencia.

Necesitamos interpretar el pasado como fuente de inspiración, y para esto, necesito desprenderme de él y tomar la libertad del presente para elegir, planear y soñar.

  • La felicidad es la capacidad de vivir con: lo que es, lo que existe, y lo que hoy vivo.
  • La falta de la felicidad viene porque quiero vivir con un ideal, con lo que ya no existe o lo que aún no llega.
  • La felicidad es la capacidad de asumir la responsabilidad de mi propio proyecto de vida, mis decisiones y de mis acciones.
  • La felicidad es la capacidad de aceptar el dolor, así como la alegría del momento.
  • La felicidad no es la ausencia de problemas, es la capacidad de comprenderme desafiado a resolverlos, de saberme con la esperanza de un mejor mañana.

La felicidad no significa que todos somos iguales, significa que hay polaridad en las cosas: Hay noche y hay día, hay guerra y hay paz. Somos felices cuando aceptamos que los tiempos cambian, la edad avanza, las personas se marchan y los hijos crecen.

La felicidad deviene como la capacidad de soltar, de no apegarse a lo que ya no existe; como los amigos de la adolescencia, los compañeros del trabajo, el primer auto que compramos, la casa en la que vivimos o bien, el barrio en el que crecimos. Es la capacidad de soltar a las personas para que sean ellas mismas o para que partan con libertad.  El secreto está en aprender a no aferrarse a las cosas o a las personas.

La felicidad es un don que viene de la mano de nuestra entrega espiritual, de fe y la experimentamos cuando tenemos un corazón agradecido.

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