¿QUIÉN PORTA EL SÍNTOMA EN LA (TÚ) FAMILIA?

Una vez una gran autora Psicoanalista, llamada Francoise Doltó, dijo que “el niño es el síntoma de los padres”, ¿qué significa esto? Desde la perspectiva Psicoanalítica, el síntoma representa un mensaje a descifrar, es decir que el síntoma nos habla de un malestar, un conflicto, un trauma. Dicho síntoma puede ser emocional (por ej. depresión) o físico (por ej. Fibromialgia u otro malestar o padecimiento físico). En general, cuando tenemos una familia disfuncional, siempre es uno de los integrantes quien porta el mensaje de ese malestar, y es traído a la consulta (hija/o, esposa, esposo) ya que presenta el síntoma, pero este último no hace más que manifestar el conflicto que transcurre en la trama familiar. Cuando hablamos de “familia disfuncional” no siempre hacemos referencia a conflictos explícitos (divorcio, violencia, abusos, etc), sino que muchas veces puede tener que ver con “secretos familiares” no dichos por ejemplo, que van pasando silenciosamente de una generación a otra, y que el miembro más débil termina haciendo síntoma de lo no dicho en muchos años. El síntoma así visto, viene a ocupar el lugar de aquello no dicho, no resuelto, no elaborado, y si lo comparamos con una antigua fotografía en negativo, sería algo por develar. Pongamos como ejemplo a un niño que es llevado a un profesional de la salud mental por presentar enuresis o encopresis (no controlar esfínteres en una edad que debería hacerlo), si se analiza el síntoma del niño, seguramente encubre una problemática familiar o de su dinámica disfuncional, y que atraviesa a cada uno de sus integrantes pero sólo uno de ellos manifiesta el malestar, lo mismo ocurre en un caso de depresión, o de otro padecimiento, de alguno de sus miembros. De esta manera decimos que el síntoma debe ser abordado desde una perspectiva integral, teniendo en cuenta no sólo a quien lo porta, sino a los contextos familiar, social, cultural y espiritual. Las situaciones que generan malestar en una familia pueden ser muchas y diversas, de hecho no se concibe la idea de familia sin conflicto, el problema surge cuando el grupo familiar carece de las herramientas necesarias para ir resolviendo las cuestiones que van surgiendo. Cada vez que ocurre un cambio los integrantes de la familia deben reacomodarse a los mismos, ya sea este positivo o negativo, por ejemplo el nacimiento de un hijo, el comienzo de la adolescencia, pérdidas significativas (de trabajo, de un ser querido, etc), que se sume un nuevo integrante (novio/a, abuelos, padrastro, madrastra, etc). Si no existe la posibilidad de volver al equilibrio luego de las circunstacias por las que toda familia transcurre, puede que uno de los miembros desarrolle un síntoma como forma de representar la dificultad de elaborar dichos cambios. En otro caso, ser la “oveja negra” de la familia, puede ser una forma de elaborar o resignificar aquello síntomático en el grupo, es decir, una manera de hacer la diferencia, de cortar con la cadena de “repetir historias” poco saludables. Ahora bien, cuando las dificultades o conflictos exceden toda posibilidad de elaboración (homicidio, suicidio, abuso, etc) el síntoma aparece como una forma de poner un nombre a aquello que es “innombrable” por ser “horroroso”, y en esos casos (y en todos los casos antes citados) se puede considerar hasta positivo la aparación del síntoma ya que nos muestra que hay algo que no está bien y debe ser abordado, develado, hablado….Para concluir les dejo una palabras de Martínez González, A, quien nos dice: “Sin tener una fórmula o una conclusión terminada, damos cuenta de cómo el niño muchas veces se posiciona inconscientemente para los padres en el lugar de la representación de un malestar que está constituido por una historia no abordada, mucho menos elaborada en la familia donde se encuentra inserto”; y yo agrego que ese niño o niña será luego un adulto que formará parte de una trama vincular y familiar.

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