LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS INTERPELA NUESTRO SENTIDO DE FINITUD

Así como alguna vez Sigmun Freud planteó cómo la omnipotencia de la humanidad cayó ante el conocimiento de que la tierra no era el centro del universo, hiriendo así el propio narcisismo; hoy, como en muchos otros hechos históricos, el Coronavirus interpela nuestro sentido de finitud. El miedo a la muerte propia, y la de nuestros seres queridos, a la enfermedad, al contagio, al padecimiento, genera altos montos de ansiedad, que tienden a ser negados mirando como desde fuera lo que les pasa a los otros. Otra manera de negar el temor y su inevitable consciencia de mortalidad, es a través del chiste, la broma, los memes, que nos ayudan a atravesar situaciones de incertidumbre, de oscuridad. Es en estos momentos, cuando se pone a prueba aquello que tanto se demanda en educación: la empatía. Lo hemos visto en el brote del VIH, cuando quienes contrajeron el virus, no debían mantener relaciones sin protección, sin embargo, muchas personas, y tal vez por temor a la estigmatizacion, ocultaron su condición contagiando a otros. Estamos viviendo momentos que nos llaman a la reflexión, a interrogarnos acerca de nosotros mismos y de nuestra condición de seres humanos. No es la primera pandemia que la humanidad enfrenta; tampoco la última, tomar consciencia de nuestros actos, es algo que las personas nos estamos debiendo. No hay que convertir lo que sucede hoy, en una psicosis colectiva, pero sí pensar en que a uno también le puede pasar, sin exagerar, pero además sin negar, tomando las medidas preventivas necesarias, tal vez con algún que otro chiste que nos ayude a eludir, aunque sea de a ratos, el inevitable sentimiento de indefensión.

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