Por Lic. Mara Gisela Rodriguez. M.P 9490

El filósofo Heráclito dijo “nadie se baña dos veces en el mismo río”, haciendo referencia a que el agua fluye, corre, cambia, no permanece.

Está filosofía refleja el devenir constante de cada sujeto, pero estos cambios modifican algo, cambiar significa dejar algo para tomar otra cosa, por lo tanto, cambiar implica renunciar, implica pérdida, y esto, muchas veces asusta.

En la actualidad, los cambios suceden constantemente y con mucha rapidez, apenas logramos ahorrar para el teléfono último modelo, mientras que, al mismo tiempo, aparecen otros mejores. Esto, aunque suena a superficial, generan miles de emociones inconscientes y no tanto, en las personas. Es en ese punto entonces donde el vaivén emocional asusta y hace que las personas se aferren a la quietud, a la rutina, a la estructura, a lo seguro y conocido, en síntesis, a la comodidad incomoda. Así, se sostienen por meses o años, vínculos, trabajos, situaciones, objetos que ya no generan deseo ni satisfacción alguna, o que producen malestar, lo que son motivos generalmente de consulta en psicología, con frases tales como: “No sé qué quiero” “Me siento frustrada/o”, “estoy estancado/a”. Sin embargo, cuando luego de un tiempo se confrontan con la posibilidad de cambiar, aparecen las resistencias, los auto boicots, las racionalizaciones, etc,  y éstas muchas veces son formas para seguir aferrándose a aquello que lo aqueja.

Porque cambiar asusta, porque lo que viene es desconocido, y eso implica adaptarse nuevamente cuando apenas empezaba acomodarse en la etapa anterior, a veces dicho cambio contradice a los propios ideales, o filosofías de vida y que, por diversos motivos, se les dificulta cambiar. Pero si lo vemos desde otra perspectiva, el cambio, de alguna manera, es inevitable, ya que cambiamos el cuerpo, el pelo, crecemos y vamos atravesando de la niñez a la adolescencia, de la juventud a la adultez, la escuela por trabajo, el dinero por objetos. Y todas estas transformaciones están bien!!! Está bien transformar nuestros ideales, pensamientos, creencias; está bien aceptar que el trabajo que amaba ya no me es suficiente, está bien reconocer que ya no siento lo mismo por esa persona que juré amar para toda la vida; y está bien porque nuestra naturaleza es cambiar, desterrando de nosotros la necedad, el orgullo, la envidia, la culpa….la incomodidad.

Es real que cambiar genera temor, pero el desafío está en temerle al cambio y  aun así cambiar, porque lo que no se ve, puede ser la potencia de lo que hoy es. Aristóteles mencionaba el ser en acto y ser en potencia; por ser en acto se refiere a la sustancia tal como en un momento determinado se nos presenta y la conocemos; por ser en potencia entiende el conjunto de capacidades o posibilidades de la sustancia para llegar a ser algo distinto de lo que es, así por ejemplo,  una semilla es en acto, un árbol en potencia.

Y ahí está la maravilla del cambio, implica un proceso, a veces un dolor, pero siempre es una potencia, siempre detrás del cambio hay algo más.

El mundo moderno nos apresura a cambiar más rápido, por eso es importante animarse, porque si no caemos en la frustración, en la intolerancia con el otro, en la insatisfacción con uno mismo, en el inconformismo con el mundo. Valiente no es quién no teme, sino aquel que aún con miedo lo intenta.

Compartí: