LA IMPORTANCIA DE LA FUNCIÓN MATERNA EN LA VIDA DE UNA PERSONA

Para que un niño alcance un desarrollo considerado sano, necesita inevitablemente la presencia de otra persona que cumpla la función materna, que sea capaz de propiciarle los cuidados necesarios, pero que además, logre interpretar de forma adecuada las demandas del bebé, es decir que pueda darle significado a su llanto (llora porque tiene hambre, frío, le duele la panza, etc.).  

En el recién nacido se da la necesidad del apego, el cual se define como el vínculo emocional que se desarrolla entre el niño/a y su figura de apoyo, ya sea sus progenitores o quienes los sustituyan en sus cuidados. En este punto, es necesario aclarar que la “función materna”, es precisamente una función, y en tanto tal, puede ser ejercida por cualquier persona, es decir, por un adulto capaz de responder a las necesidades del/la bebé (padre, madre, abuelo, abuela, tíos, etc.). Este aspecto es clave, dado que desde el mismo se irá formando el patrón de personalidad del niño/a. El establecimiento del apego será lo que le proporcionará la seguridad emocional necesaria (Bowlby, 1983). Para que esto suceda de forma adecuada, es necesario que el bebé encuentre en su figura de apego cierto grado de disponibilidad a sus demandas, encontrar la seguridad, la confianza de que obtendrá su ayuda si surgen dificultades.

Según Bowlby (1998), todos los seres humanos venimos al mundo dotados con una especie de programación que nos conduciría en la búsqueda de una madre y de quererla. Nacemos con la necesidad de esa figura materna (que como ya dijimos tenemos que pensarla como función y no encarnada en una persona en particular) con la que podamos establecer un vínculo profundo, a nivel emocional y afectivo. Esta conducta innata del bebé, será la que logre asegurar el establecimiento de un fuerte lazo, necesario, que le permitirá la supervivencia. En el caso contario, de no contar con ese deseo de cuidados, cercanía, protección y cariño, no podría sostenerse la vida para los seres humanos.

Este autor, destaca la vital importancia de este vínculo de apego, y añade que su debilidad o carencia acarreará gravísimas consecuencias en la estructuración psíquica de las personas, consecuencias que se verán claramente manifestadas en su etapa adulta.

En este punto reside la importancia del vínculo establecido, dado que el patrón de conductas que se den en los primeros tiempos, tenderá a persistir a lo largo de toda la vida. Y por ello, las formas que adopten las relaciones familiares que una persona atraviese en su infancia, serán tan cruciales que conllevarán un inmenso valor para el posterior desarrollo de la personalidad.

Corrales, J. 2015. Construcción de la función materna. Montevideo. Uruguay.

Bowlby, J. (1983). La pérdida afectiva. Paidós. Barcelona.

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