LA CRISIS, ¿OPORTUNIDAD PARA EL CAMBIO?

 Por Lic. Nuñez, Pamela   M.P 8300

Muchas veces desde la psicología cuando planteamos el concepto de crisis lo vemos como una oportunidad para el cambio. Pero, ¿Y si la persona no quiere cambiar?, ¿Y si no está lista para el cambio?, ¿y si no es su momento de decidir cambiar?.

Las crisis pueden ser evolutivas o accidentales, las primeras son aquellas que atravesamos a lo largo de nuestra vida, como por ejemplo, el comienzo de la pubertad, los cambios físicos, la adolescencia, el momento de jubilarse, etc. Son aquellas crisis esperables para las cuales muchas veces estamos más preparados.

Las crisis accidentales nos atraviesan, suceden en un determinado momento  y contienen la carga de lo imprevisto, lo que irrumpe de manera súbita. Como por ejemplo una muerte, una separación, un divorcio, ser despedidos de un trabajo, etc.

Ambas crisis desatan un duelo y por consiguiente su elaboración.
Tal elaboración va a tener directa relación con nuestros duelos anteriores y como fueron resueltos, con nuestras herramientas psíquicas, con nuestros mecanismos de defensas, con nuestras emociones del momento, entre otras cosas.

Puede que cuando nos toque atravesar una situación de crisis no veamos tal cualidad positiva de «oportunidad para el cambio», porque puede pasar que no estemos preparados para hacerlo, y es válido, como todo proceso lleva su tiempo, no hay que forzarlo, es un camino arduo a recorrer para tramitar y elaborar el duelo y cada persona tiene su realidad contextual y su realidad psíquica. Y en ese camino podemos encontrarnos con dos opciones de elaboración del duelo una puede ser de manera normal y la otra de manera patológica. La diferencia radica en el impacto emocional que se haya producido por la crisis.

No podemos obligar a una persona a cambiar, lo que debemos hacer como profesionales es, apoyar, acompañar, orientar, poco a poco se va a ir develando uno o varios caminos posibles de transitar.

En toda crisis va a entrar en juego nuestra posibilidad de decidir cambiar, reinventarnos y redefinirnos como personas, sin dudas nos movilizan, lo que importa es poder salir fortalecidos de ella y volvernos un poco más resilientes. Algunos más rápido, otros no tanto, pero moverse siempre para cambiar y crecer.

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