¿FAMILIA O ESCUELA? LA ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE DE LAS NORMAS SOCIALES

¿Familia o Escuela? Este interrogante abre al debate cuando se habla de la formación de ciertas normas en el niñ@ y adolescente. Muchas familias consideran que es una tarea de la escuela, y muchos docentes que es de la familia. En un artículo anterior hice referencia a los límites en la infancia dentro del seno familiar y su vital importancia en el desarrollo saludable de nuestros hijos e hijas. La familia constituye el principal agente de socialización, es decir los primeros aprendizajes de las normas sociales y ciertas habilidades socioafectivas como la empatía por ejemplo. Tradicionalmente existían “recetas” para la crianza de los hij@s, mientras que hoy contamos con una multiplicidad de tipos de familias (homoparental, ensambladas, monoparental, etc) que conducen a muchos desconciertos respecto a cómo educar en la familia. Considero un avance importantísimo el reconocimiento de los diferentes tipos de familia, pero implica en los adultos la adaptación a un mundo cambiante y la utilización de nuevas herramientas para la crianza. Como sabemos, el ser padres conlleva una gran responsabilidad ya que, de la implementación de lo anterior, dependerá la formación de las subjetividades de los hij@s, a saber: manejo de las emociones (enojo, euforia, etc), compartir, aceptar las diferencias, a esperar, a respetar a las otras personas (tanto pares como adultos), tolerar la frustraciones, etc. Todo esto implica una tarea muy compleja en la que los padres irán resolviendo en la medida de sus posibilidades y de sus propias historias vitales. Como ya he mencionado, la estructuración del psiquismo temprano, es decir del período que va de los cero a los tres o cuatro años, es fundamental en el aprendizaje de estas primeras incorporaciones. Es muy interesante el planteo de González-Pienda (2007) cuando menciona que la disciplina continúa siendo un factor fundamental como aporte a la salud mental, claro que el concepto de disciplina por suerte ha cambiado, en el sentido de que ya no va asociado a la violencia correctiva, sino al respeto. Entonces se podría decir que dicha disciplina (que implica el aprendizaje de todo lo descripto anteriormente) es incorporada en un primer momento en el seno familiar. Dicho esto, ¿Cuál es el papel de la escuela en este proceso? Hoy la escuela desempeña, o debería desempeñar, un papel de co-formador, en tanto que no sólo debe educar en lo académico, sino también en lo emocional, moral y espiritual, es decir de maneral integral. Esto constituye la continuidad y reafirmación de un proceso que se viene gestando desde la institución familiar, en este sentido, cada niña y niño será único e irrepetible en función del contexto socio-familiar del cual proviene. Es por esto que muchos autores hablan de “las infancias” y no de “la infancia”, es decir que hay tantas infancias como niñ@s existen, y esto lleva a un abordaje de la enseñanza de manera inclusiva que muchas veces hace de la tarea docente un gran desafío. ¿Qué sucede cuando dichas normas no han sido incorporadas anteriormente, del modo en que la sociedad lo espera o exige? Mi respuesta es simple, aunque a la vez compleja….las impone la sociedad (escuela, instructores, policías, etc), esto último no transcurre sin conflictos, es decir que se produce un choque entre dos realidades que implica una readaptción o nuevo aprendizaje que muchas veces es vivido por el niñ@/adolescente y la familia, como una invasión. En este punto vuelvo a hacer hicapié en la complejidad del asunto, ya que muchas veces aquello que los padres consideran bueno para sus hij@s, no coincide con lo esperado por la escuela, (sin que esto tenga que ver con lo patológico o “diferente”). En estos nuevos contextos nos encontramos no sólo con padres desorientados, sino también con docentes imposibilitados de abordar ciertas problemáticas surgidas en sus espacios aúlicos. Aquí cabe mencionar, la importancia del Estado en la formación tanto de padres como de docentes, respecto a la educación de nuestros niñ@s y adolescentes en los actuales contextos. Además es fundamental el trabajo y colaboración conjunta entre escuela y familia en los procesos de educación, ya que es imposibles desligar una de la otra. Cabe destacar la importacias de contar también con profesionales que ayuden a aunar criterios dando respuestas a las demandas de ambas instituciones (familia y escuela). Para concluir, dejo abierto al debate, refiriendo a una serie de interrogantes propuestos por Altarejos, F (2002):

¿Estarían los profesores dispuestos a configurar la escuela de manera que pudiera propiciar efectivamente la titularidad educativa de los padres de familia? ¿Serían éstos capaces de respetar y afirmar la autonomía profesional de los profesores en la toma de decisiones respecto al modo de desarrollar la enseñanza? ¿Aceptaría el Estado que no tiene la mayor y principal responsabilidad educativa, y estaría dispuesto a promover concretamente el derecho y el ejercicio de la delegación por los padres de familia? Y, por último, aunque no menos importante: ¿aceptarían padres de familia y profesores la responsabilidad compartida de educar, sin derivarla hacia la administración política, o sea, hacia el Estado?

Altarejos, F (2002) La relación familia-escuela. NB 003.

González-Pienda, J (2007) Los retos de la familia hoy ante la educación de sus hijos: a educar también se aprende. Revista Galego-Portuguesa de Psicología y Educación. Vol. 15, 2, Ano 11º-2007 ISSN: 1138-1663

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