Dificultades en la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas

En octubre de 2006 se sanciona la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) la cual surge en un momento de grandes cambios sociales y culturales, articulándose con leyes, normas y compromisos internacionales, que Argentina posee y promueve en el campo de los Derechos Humanos (DDHH) (Tedesco, 2008), como por ejemplo la Ley Nacional 23.592 de Derechos y Garantías Constitucionales sobre Actos Discriminatorios, Ley Nacional 23.798/90 de SIDA y su Decreto Reglamentario 1244/91, Ley Nacional 25.673 de Creación del Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable y Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes. En este contexto, la Ley de ESI propone los siguientes puntos (Secretaría de Educación, 2010): incorporar la Educación Sexual Integral en las propuestas educativas orientadas a la formación armónica, equilibrada y permanente de las personas; asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la Educación Sexual Integral; promover actitudes responsables ante la sexualidad; prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular.

Posteriormente, el Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba firma la Resolución 45/08 en mayo de 2008, con el compromiso y la responsabilidad de transformar la Educación Sexual Integral (ESI) en una Política Pública. La propuesta es, la obligatoriedad de su enseñanza en todos los establecimientos educativos de manera tal que se trascienda el paradigma biologicista para abordar la educación sexual de forma integral e interdisciplinaria, es decir, que incluye aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos (Salgueiro, 2019). Al respecto Bilinkis (2013 citado en Mailhou et al., 2017) sostiene que dicha Ley generó una multiplicidad de controversias entre los diversos actores sociales que involucra, tales como, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, iglesia católica y otros credos, familias, escuelas, entre otros.

Iñon (2012) realizó un estudio que tuvo como objetivo conocer las causas que impiden la correcta implementación del Programa de Educación Sexual Integral. Para ello se consultó a docentes de nivel medio del sistema educativo y a especialistas en educación sexual integral. Las entrevistas se realizaron de dos formas, en papel y por vía email. Se consultaron a 84 mujeres y 30 varones. Las conclusiones demuestran que las causas que dificultan la implementación corresponden a la interferencia de posturas religiosas. Por otra parte, la partida destinada a ESI no se encuentra incluida en el presupuesto de las distintas jurisdicciones del país. Como así también, la formación y capacitación docente, los factores culturales y subjetivos tales como la represión de la sexualidad, los tabúes, creencias, prejuicios, pudor y vergüenza por parte de los docentes como dificultad para poder enseñar los contenidos que están incluidos en la ESI.

Fernández y Basco (2016) se propusieron indagar sobre las diferentes dificultades y barreras que se presentan en la implementación de la ley de ESI, tanto a nivel institucional como a nivel de los docentes. Para dicho estudio se encuestó a una muestra de 24 docentes de la ECVA (N=30), y como resultado de la misma, encontraron que algunos de los obstáculos mencionados por los docentes encuestados fueron: dificultades para articular con ideas de padres; padres que no quieren que se aborde la temática; temor a cómo reaccionarán las familias; dificultad relacionada a matrices personales; prejuicios propios y ajenos; falta de capacitación docente y resistencia de los adultos, poca confianza, miedo al qué dirán, etc.

A partir de éstos y numerosos estudios más, podemos pensar que son múltiples lo factores que impiden su correcta implementación, especialmente debemos tener en cuenta que la sexualidad, a pesar de todos los cambios y avances a nivel socio-político, continúa siendo un tema tabú, del cual poco se habla. En la actualidad las resistencias surgen, entre otras cosas, por el temor de los adultos, de hablar acerca de la diversidad de género. El interrogante que surge aquí es ¿porqué?¿cuál es el temor que subyace en las familias si se habla de género?¿la ESI sólo tiene que ver con la diversidad de género?. La respuesta a esta última pregunta, es no. La sexualidad atraviesa todos los aspectos de nuestra vida y no sólo tiene que ver con el sexo y la identidad sexual.

Tal vez, una solución posible, sería educar a la población adulta acerca de la ESI, ya que los niños, niñas y adolescentes, tienen naturalmente incorporado nuevos saber y formas pensar.

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