COVID19, VIOLENCIA, MIEDO Y SALUD MENTAL

Resulta interesante reflexionar acerca de la vinculación entre el COVID19, salud mental, violencia, y las emociones suscitadas ante la situación de pandemia.  Ésta última entra en la categoría de las catástrofes siendo una de las áreas de intervención de la psicología. Pau Pérez-Sales (2007), define a la catástrofe como un suceso negativo, por lo general, imprevisto y brutal que provoca destrucciones materiales y pérdidas humanas importantes, ocasionando un gran número de víctimas y una desorganización social importante.  Los hechos traumáticos tienen una serie de características, siendo éstos, negativos, extremos, inusuales, y se asocian a la amenaza vital de las personas.

Ante estas situaciones sociales extremas, surge, por ejemplo, el miedo, que, a su vez, según este autor, la psicología social lo asocia a la violencia política ejercida sobre las comunidades, ya que el miedo conduce por ejemplo a: inhibición de la participación social, desconfianza en el otro (“quien nada hace, nada teme”; “si no me muevo, no me va tocar”), privatización del daño. (“mejor que nadie sepa lo que me ocurrió, porque van a desconfiar” “no digamos que el murió, porque aún nos traerá más problemas”), resignación y escepticismo y, por último, polarización social. Considerando las comunidades y los grupos que las conforman, la violencia implica una ruptura del tejido social (lo que significa la desestructuración o destrucción de los mecanismos económicos, políticos y sociales de regulación, organización y afrontamiento de la vida diaria). Desde el punto de vista de las personas afectadas esto puede tener consecuencias en una serie de ejes psicológicos individuales relacionados con uno mismo, uno en relación con los demás o uno en relación con el mundo.

Por otra parte, una catástrofe es asociada a situación traumática, la cual es una situación de amenaza para la integridad física o psicológica de un individuo o una comunidad. Ante situaciones de riesgo, tensión o cambio, debidas tanto a factores ambientales como a factores sociales, se desencadenan una serie de conductas y emociones colectivas.

Páez et al. (2007) sostiene que, ante el trauma, ciertos sentimientos pueden verse afectados en aquellas personas más vulnerables. Dichos sentimientos son, entre otros: sentido de seguridad (” nada me va a suceder a m i”, “las cosas malas suceden a los demás”); confianza en uno mismo (“Soy una persona fuerte y socialmente útil”); sentido de plenitud (“El futuro estará lleno de hechos gratificantes”); sentido de responsabilidad (“Siempre puedo asumir lo que hago. Nunca haría daño a nadie”); sentido de orden y predictibilidad (“La vida tiene una estructura. Es posible controlar las cosas”); confianza en los demás (“La gente tiende a ayudarse mutuamente”, “Los demás me ayudarán, en situaciones difíciles”); sentido de control sobre la propia vida (“Puedo decidir qué quiero hacer con mi vida”); sentido de un fin en la vida (“la vida tiene un significado y un propósito”); y sentido de comunicabilidad (“Es posible comunicar nuestras experiencias a otros y ser entendidos”).

También señalan los autores que, en situaciones de catástrofe, suelen aparecer conductas antisociales, entre ellas el saqueo, violencia en todas sus dimensiones, conductas descontroladas, etc. Dichas conductas dependerán, además, del contexto social previo.

Otro fenómeno que aparece son los rumores, los cuales se asocian a las conductas de huida en situaciones de amenaza. Los rumores son creencias que se transmiten oralmente como ciertas, sin medios evidenciales para demostrarlas. Los rumores son la forma de comunicación típica de las conductas colectivas. Son noticias improvisadas resultantes de un proceso de deliberación colectiva a partir de un hecho importante y ambiguo, muchas veces el rumor tiene un efecto negativo ya que acrecienta el miedo y sus concomitantes consecuencias.

En muchas catástrofes y situaciones de riesgo se observan conductas colectivas adecuadas (como es el orden en la evacuación de una población en riesgo), lo cual va a permitir luchar contra la propagación del peligro, o de los rumores, y la organización racional de los recursos. Sin embargo, en otras circunstancias se observan conductas inadecuadas, como es el considerar que la situación es irreal o el éxodo desorganizado, que aumentan la desorganización social del grupo, así como la exposición al peligro Páez et al. (2007).

Algunas de las manifestaciones del síndrome de estrés postraumático, se pueden diferenciar varias dimensiones, algunas de ellas son:

a) Hiperreactividad psicofisiológica o respuesta de alerta exagerada que se manifiesta en hipervigilancia, respuestas de sorpresa exageradas, irritabilidad, dificultades de concentración y de sueño.

b) Reminiscencias, es decir que las personas tienden a recordar repetitivamente la experiencia traumática y suelen revivirla fácilmente cuando algo exterior se las recuerda. Los pensamientos y recuerdos intrusivos son los síntomas que se mantienen durante más tiempo. A largo plazo, otros efectos psicológicos de las catástrofes son: “la marca de la muerte” y la estigmatización del sobreviviente.

En algunas condiciones, los desastres pueden tener efectos constructivos sobre el sistema social, ya que los desastres también son contextos para la reorganización social. Si bien los hechos traumáticos pueden producir una visión negativa de sí mismo y del mundo, también pueden conllevar:

a) un crecimiento personal, aprender sobre las capacidades, habilidades y resistencia personal; b) aumentar la sabiduría y el conocimiento; c) mejor el conocimiento sobre sí mismo y los otros; d) apreciar lo que se tiene y aprender las prioridades importantes en la vida, y e) crecimiento y desarrollo espiritual.

En el mismo sentido, si una catástrofe social puede empeorar la visión del mundo y de los otros, también puede tener efectos positivos:

a) reunir y acercar a la familia, b) unir a la comunidad, haciéndolos sentirse más cerca; c) provocar una orientación más prosocial: ser más tolerante y compasivo con los otros, así como valorar el apoyo que estos ofrecen; y d) pensar que los otros pueden beneficiarse de tu experiencia.

Páez, D; Fernández, I; Beristain, C (2007) Catástrofes, traumas y conductas colectivas: procesos y efectos culturales. Departamento de Psicología Social y Metodología. Universidad del País Vasco. Universidad de Deusto.

Pérez-Sales (2007) Salud mental, violencia política y catástrofes. En Rodriguez A (comp). Psiquiatría y Sociedad. La salud mental frente al cambio social. Universidad de El Bosque. Bogotá.

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