¿CÓMO ENFRENTAMOS LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO?

La pérdida de un ser querido, nos lleva a transitar por un largo proceso que se denomina “Duelo”. Sigmund Freud definió al duelo como “el proceso que realiza el yo, consciente e inconscientemente ante la pérdida de un objeto, ese objeto puede ser real o fantaseado”. Que sea un proceso que realiza el “yo” significa que interviene todo nuestro ser, es decir tanto lo cognitivo (momoria, percepción, etc) como lo físico y emocional en general. Consciente e incoscientemente representa tanto las emociones conscientes (dolor, tristeza, recuerdos, etc) como aquellas emociones que movilizan dicha pérdida y de las cuales no nos damos cuenta pero que subyacen al proceso como por ejemplo sentimientos de culpa o la reactivación de pérdidas anteriores o situaciones no resultas, como así también lo que esa persona que perdemos, representa o representaba para nosotros y lo desconocíamos. Real o fantaseado refiere a que cuando perdemos a una persona, no sólo perdemos al ser querido real, sino también a los proyectos que tejimos en torno a esa persona. En ese sentido la pérdida va más allá de la persona en sí, también se pierde lo que ese otro representaba para nosotros, los planes de vida, lo no dicho, etc. Un duelo “normal” lleva entre 6 meses a dos años para ser elaborado, esto último no significa que no vamos a recordar más a esa persona, o que no la vamos a extrañar, sino que se va a poder continuar con la vida, con el recuerdo, y reconstruir ese espacio (sin que eso signifique reemplazarlo) con nuevos proyectos, nuevas actividades y/o nuevas personas. La imposibilidad de elaboración nos hablaría de un duelo patológico, excepto la pérdida de un hijo/a, éste es el único duelo que nunca logra elaborarse totalmente sin que por ello sea patológico, sólo se aprende a vivir y convivir con el dolor. El duelo como proceso conlleva el atravesamiento de etapas, según Kubler-Ross (1970) estas son:

1) Negación: En esta etapa es probable que las personas se sienten culpables porque no sienten nada; se apodera de ellas un estado de entumecimiento e incredulidad, es decir, piensan que no es verdad, que es un sueño, que lo pueden ver u oir, etc.

2) Enojo o ira: El enojo puede proyectarse hacia otras personas o interiormente expresarse en forma de depresión, culpar a otro es una forma de evitar el dolor, aflicciones y desesperación personales de tener que aceptar el hecho de que la vida deberá continuar.

3) Negociación: se da en nuestra mente para ganar tiempo antes
de aceptar la verdad de la situación, retrasa la responsabilidad necesaria para liberar emocionalmente las pérdidas.

4) Depresión: es el enojo dirigido hacia adentro, incluye sentimientos de desamparo, falta de esperanza e impotencia.

5) Aceptación: se da cuando después de la pérdida se puede vivir en el presente, sin adherirse al pasado.

Como se puede ver, es un proceso normal por el que todos atravesamos, no sólo con la muerte de un ser querido, sino con cualquier tipo de pérdida, como por ejemplo de un trabajo, un proyecto, el divorcio etc, las etapas son las mismas pero la intensidad del duelo varía, dependiendo no sólo del tipo de pérdida sino también de la personalidad de quien se encuentra duelando. Bolwby (1999) citado en Oviedo Soto, S, et al (2009), define las siguientes etapas:

1) Fase de embotamiento: que dura habitualmente entre algunas horas y una semana y que puede ser interrumpida por descarga de aflicción o de ansiedad extremadamente intensas; 2) Fase de anhelo y búsqueda de la figura perdida: que dura varios meses y con frecuencia, años. Muchas de las características de esta fase han de ser consideradas, no sólo como aspectos de pesar, sino también de la búsqueda efectiva de la figura pérdida, que va unida al comportamiento de apego que es una forma de conducta instintiva que se desarrolla en la persona como un componente normal y sano. En tal caso, siempre que una figura a la que se está apegado está inexplicablemente ausente, la ansiedad de separación como respuesta
natural es inevitable; 3) Fase de desorganización y desesperación: algún tiempo después de la pérdida, al imponerse la noción de la realidad, se intensifican los sentimientos de desesperanza y soledad, la persona acepta finalmente la muerte y cae inevitablemente en una etapa de depresión y apatía; 4) Fase de un grado mayor o menor de reorganización: esta última fase se inicia aproximadamente luego de un año de ocurrida la pérdida. La persona se encuentra en condición de aceptar la nueva situación y es capaz de redefinirse a sí mismo y al nuevo contexto, el cual no incluye a la persona perdida. Esta redefinición de sí mismo es tan penosa como determinante, ya que significa renunciar definitivamente a toda esperanza de recuperar a la persona perdida y volver a la situación previa. Hasta que no se logra esta nueva definición, no pueden hacerse planes de futuro.

¿Cómo puedo llevar adelante el duelo? Cada persona tendrá maneras diferentes de transitar su duelo, por ejemplo hay quienes prefieren sacar las pertenencias inmediatamente después de perder al ser querido, otras no. Tal vez en un comienzo se prefiera estar solo, aislado, pero de a poco las relaciones sociales serán el motor para recorrer el proceso. Se recomienda que sí, pasado los dos años no se ha logrado elaborar, consultar con un profesional de la salud mental quien acompañará a encontrar el camino hacia la resignación y reorganización (también se puede buscar ayuda desde un principio), en lo posible hablar de la persona que ya no está, traer recuerdos, ya que de lo contrario se tiende a negar la pérdida, en especial cuando el tiempo necesario ya a ha pasado, pudiendo haber entrado en un proceso depresivo. Por otra parte el duelo debe ser “vivido” y no medicado, ya que la medicación tapa el dolor e imposibilita su expresión, sí es recomendable en los casos en los que transcurrido los dos años, se continúa detenido en las primeras etapas descriptas. La ayuda espiritual también es una herramienta muy valiosa de acompañamiento.

Bowlby J. Vínculos afectivos. Formación, desarrollo y pérdida. 3ª ed. MadridEspaña:Morata; 1999. p.p 107-8, 111.

Oviedo Soto, SJ., Parra Falcón, FM., Marquina Volcanes (2009) La muerte y el duelo. Reviste eloctrónica cuatrimestral de enfermería. ISSN 1695-8141.

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