El ataque de pánico, se encuentra dentro de la clasificación de los trastornos de ansiedad, esta última es un componente normal en la vida de las personas, es decir que un monto adecuado de ansiedad, nos permite anticiparnos a situaciones de riesgo. El problema comienza cuando la cuota de ansiedad excede las posibilidades de tolerarla. En otras épocas no era común que las personas presentaran ataques de pánico, los casos se daban en un bajo porcentaje. Actualmente son numerosas las consultas por este padecimiento en todas las etapas de la vida, la Organización Mundial de la Salud nos dice que el 1.6% de personas en Latinoamérica y el Caribe, han sufrido de ataque de pánico. La pregunta que surge siempre es ¿qué causa los padecimentos mentales? ¿porqué una persona desarrolla pánico y no otro trastorno?. En los aspectos emocionales es muy difícil determinar qué causó que una persona comience con una serie de síntomas, ya que va a depender de múltiples factores, tales como, sociales, culturales, familiares, de personalidad, etc. En cuanto a los factores sociales, hoy tenemos un ritmo de vida que nos lleva a no poder sentir lo que nos molesta, a no ser conscientes de aquello que nos excede, por ejemplo la ansiedad, entonces si vivimos situaciones dolorosas o de enojo, no hay tiempo de mirarnos, de hablarlo. Entonces se podría decir que el síntoma aparece como una forma de alarma para avisarnos que algo nos está pasando, que hay algo a lo que no le estamos prestando atención. En mi experiencia clínica siempre le decía a mis pacientes que era muy positivo que apreciera un malestar, ya que a partir de allí pudieron buscar ayuda. Respecto al ataque de pánico, por lo general aparece repentinamente, sin motivo aparente, de corta duración (menos de una hora), con reacciones físicas intensas y con una real sensación de muerte. Es un padecimiento que presenta síntomas físicos de orígen emocional, algunos de los signos físicos son: palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, sensación de ahogo, sudoración, sensación de desmayo etc. Por lo general, quienes presentan ataques de pánico lo describen como una sensación intensa, repentina y de muerte. Si bien se les explica que no se muere de ataques de pánico, es muy difícil poder manejarlo. Algunos de los pensamientos pueden ser: “si me alejo y me siento mal….”, “me duele el pecho, es un ataque al corazón…” etc. Hay personas más vulnerables que las predispone a sufrir estas dolencias, ya sea por sus historias personales o bien sociales, que los lleva a no poder resolver situaciones de extrema ansiedad o estrés. Si bien no estoy de acuerdo con la sobremedicación, considero que en su medida justa y en casos de extrema ansiedad, es necesaria. La forma de abordaje de los ataques de pánico suelen ir acompañados de medicación para poder controlar la ansiedad y tratamiento terapeútico. Los tratamiento recomendados siempre son los cognitivos-conductuales, como los más efectivos, particularmente mi formación es psicoanalítica (no ortodoxa) y se han conseguido en mis pacientes muy buenos resultados. Es por esto que considero que los ataques de pánico se pueden aprender a controlar, es decir que la sensación de que se va a tener un ataque tal vez siempre esté, pero si se logra hacer consciente que esos síntomas no son estrictamente físicos, se aprenden a manejar y tal vez hasta desaparecen. La medicación siempre debe ser recetada por un médico especialista, es decir un médico psiquiatra, y con un seguimiento estricto, ya que la idea es que de a poco, y a medida que se incorporan las herramientas necesarias para manejar los síntomas, se vaya dejando la medicación. Ambos tratamientos, el psiquiátrico y el psicoterapeútico, son necesarios para una buena recuperación.

Compartí: